Gestión del tiempo

El ritmo de la vida

Por

¿Cuál es el ritmo de la vida? ¿Existe uno o cada persona define el suyo? ¿Cómo caminas tú, más rápido o más despacio?…

Soy de los que creo que existe un ritmo, uno universal, una melodía con la que todos tenemos ocasión de sintonizar y de sentirnos en armonía con ella.

Yo suelo andar bastante acelerado, tengo que detenerme de vez en cuando para poder sintonizar de nuevo. Cierta ambición me hace ir siempre a más y eso implica muchas veces hacer más, en menos tiempo.

Por eso sé que existe un ritmo al que va la vida y otro al que voy yo. Cuando consigo que ambos estén sintonizados, parece que todo va mejor. Sin embargo, entre plan y plan me voy acelerando y acabo siendo muy productivo… eso sí, en ocasiones fuera de sintonía con la vida.

De ahí que antes de ser productivo, te invite a conocerte mejor a ti mismo/a, así al menos identificarás cuándo te pasas de la raya, cuándo empiezas a caminar más rápido que la propia vida.

Cuando vas más deprisa que la vida te la pierdes. Lo sé porque hay semanas que no disfruto, simplemente pasan.

Cuando estás en sintonía con la vida, fluyes, y disfrutas, te puedes parar al borde de una carretera a ver el atardecer, o a sonreir a un bebé, a ayudar a alguien, o parar a tomar algo en un lugar que te inspire.

Si te conoces y estás atento/a a ti mismo/a, podrás entonces parar un poco cuando tu ritmo deje de coincidir con el de la vida.

Lo ideal sería estar siempre sintonizado, pero quizás sea una quimera, por eso uno tiene que estar buscando siempre sintonizar con la melodía de la vida.

La meditación, el deporte, pasear lentamente, pararse más a menudo, jugar y mirar más a tus hijos, dejar el smartphone en el cajón, saborear más la comida, bailar al escuchar una canción.

El domingo, en nuestro viaje por Tenerife, paseaba por la preciosa población de La Orotava con Belén y Noa. Escuché música salsera dentro de una residencia de la tercera edad que en ese momento estaba abierta, con un precioso patio interior. Belén caminaba a mi lado y yo llevaba a nuestra hija en brazos, mirando por la calle todo lo que había a su alrededor, al escuchar la música entramos y me puse a bailar con Noa, junto a los demás ancianos, la canción del verano «Despacito». Al finalizar la canción Noa cayó dormida en mi pecho.

En ese instante me di cuenta de que había vuelto a sintonizar con la vida.

Que tengas un gran día.

SUSCRÍBETE A MI NEWSLETTER
y recibe nuevas herramientas y recursos