Crecimiento personal

Y lo mejor de todo, despertar

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Buenos días, ¿Qué tal estás? Espero que te encuentres bien. Hoy empieza una nueva semana, es lunes. En esta semana que empieza, hay una gran cantidad de cosas que dependen de ti, otras no. Si tan sólo fuéramos conscientes de todo aquello que depende de nosotros, quizás viviríamos más felices…

Machado dijo una frase de la que estoy enamorado «Si es bueno vivir, todavía es mejor soñar, y lo mejor de todo, despertar». Las frases son como los libros, a algunas personas les encanta una y a otras no les dice nada. O como las películas… A mi esta frase me gusta, lo dice todo, la puse en vinilo sobre las paredes de nuestra oficina, y es algo así como un mantra, un rumbo a seguir. Objetivo: despertar.

Ha sido un fin de semana genial, no porque haya hecho nada especial, sino por la cantidad de calma y sentimientos que he podido encontrame. Por cierto, si hoy esperas un post práctico y al grano, es mejor que dejes de leer ya, seguramente me deje llevar por mi intuición durante los próximos 30 minutos

El viernes por la tarde viajé a Ciudad Real, el sábado trabajaba por allí. No he estado muchas veces trabajando en esta zona de España, pero me alegró salir a correr de un modo intuitivo al llegar al hotel y descubrir sin querer una parte de la ruta del Quijote. Creo que hay pocas casualidades en la vida, casi todo pasa por alguna razón. Correr mis 8kms de siempre por esta ruta me hizo tocar algunas sensaciones, y disfrutarlas. Creo que en los próximos años haré esta ruta en bici, de la que tengo que descubrir más cosas, ya que acabo de saber de ella hace poco tiempo, sólo sé que pasa por Sigüenza y Ciudad Real. Ya te contaré.

En esta tarde tan inspiradora grabé un video muy corto. Aquí lo tienes.

El atardecer siempre nos conquista. El tiempo se para dos veces al día, cuando amanece y cuando el sol se pone, y merece la pena estar ahí.

Ayer Domingo fue un día ideal. No hicímos nada. Es lo que nos gusta hacer a Belén y a mi cuando tenemos un hueco en nuestra agenda. Dormir lo necesario, mis rutinas de siempre (ejercicios + meditar) y desayuno lento y tranquilo viendo algún reportaje del canal Viajar.

Más tarde yo suelo hacer una paella de fideo fino (sin gluten), de pechuga de pollo y espárragos o similar. De postre tomo un tiramisú de los que venden en Consum (no se parecen en nada a los de Carrefour o Mercadona, puedes probarlo por ti mismo/a). Mi dieta ha cambiado mucho en el último año, pero esto creo que de momento seguirá estando unos años más al menos los Domingos. Todo esto seguido de un café, y después  a la cama a dormir una buena siesta, sin despertador, claro. Bueno, hay otros detalles que prefiero no contar por aquí.

Me desperté con una sensación extraordinaria, una vez más. Tuve un sueño, y como otras veces (pocas) podía volar. Cada vez que el subconsciente me regala este tipo de sueños (un par de veces al año) es cómo si hubiera tomado la droga más potente y estuviera flotando en el mismo cielo. Me desperté con esa sensación que, seguro que has tenido alguna vez, en la que todo parece estar alineado, todo en su sitio, en su lugar… Es algo así a lo que llamamos felicidad, creo.

Tomé un libro que había comprado por Amazon y tenía en la mesita de noche. Aunque hace tiempo que solo leo en formato ebook, este libro lo tuve que comprar en papel, pues no está en ese formato. Así que cuando lo acabe si quieres te lo regalaré a ti, solo tienes que pedirlo en los comentarios. Se trata de La Estación Azul de Javier Lostalé. Únicamente leí un par de poemas y lo dejé en su sitio, me encantaron ambos. No debes leer mucho más si un libro te gusta, o acabarás desvalorizando lo que está entre tus manos, como una buena copa de Oporto, hay que beberla poco a poco. Aqúi un fragmento:

Seguidamente, como buen Domingo que era, Belén y yo no salimos de la cama. Gracias a nuestro partner cinematográfico de los momentos geniales Wuaki TV, alquilamos una película. Se trataba de «La Juventud«, en la que Michael Kaine interpreta a un director de orquesta retirado que pasa unos días en un hotel en las montañas de Suiza.

Había escuchado una buena crítica sobre ella, y como toda película lenta, yo quería verla, y Belén también. Así que disfrutamos mucho de las dos horas que dura, de cada escena, de la fotografía (maravillosa por cierto), la música, la iluminación y de muchos más detalles. No esperes una película de acción, ni tampoco esperes encontrar un hilo conductor mínimamente claro. Como te conté una vez, las películas lentas nos invitan a sentir. Y tenemos que sentir más a menudo. Hace unos díez años me perdía los sábados por la noche en una sala de los cines Babel en Valencia a disfrutar de este tipo de películas, son geniales.

A todo esto le siguió un atardecer genial (foto de la portada del post), la cena, y una noche de sueño pacífico y reparador (ahora es cuando muchos decís «¡Qué poco te queda César!»).

Y hoy lunes aquí me tienes. Escribiendo a primera hora del día, bastante antes de que salga el sol, y a punto de subir la bici en el coche porque hoy es mi día libre (recuerdo que te debo un post para explicarte esto), e iré a la montaña a hacer una ruta que merezca mucho la pena. Que será cuanto tú estés leyendo estas palabras. Disfruta de este momento, hagas lo que hagas.

Que tengas un gran día.

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