Gestión del tiempo

Un chute de proyectos por favor. La adicción al trabajo

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Uno no sabe si lo mejor que le puede pasar es que le guste su trabajo o que no. Todas aquellas personas que aman su trabajo, suelen tener también una dosis alta de implicación, motivación, pasión y ganas, lo que se traduce en una dedicación muy importante a esta faceta de sus vidas… y sus consecuencias. Hoy hablaré de la adicción al trabajo, sus síntomas y algunas ideas para desprenderse de esta adicción (al menos durante las vacaciones)…

Para muchos el trabajo es una droga, y como todas las drogas provee de unos beneficios directos: tener la sensación de ser útil, de crecer, de pertenecer a un colectivo, ser reconocido, mejorar tu estatus, conseguir recompensas que «mejoran» tu calidad de vida, etcétera.

Existen otras drogas, pero el trabajo es la más valorada y reconocida por la sociedad actual. Matarse a trabajar está bien visto y no supone ningún delito.

De esta forma, y siguiendo el sueño americano, miles de personas se lanzan cada día a la calle a consumir su droga, a probar el éxtasis que supone la aprobación de nuevos proyectos, la generación de ideas, el trabajo en equipos de alto rendimiento, y un sinfin de intangibles que recibimos cuando estamos enchufados a esa máquina de producir bienestar psicológico a la que llamamos trabajo (cuando este te motiva).

Yo no me libro de ello, soy la primera víctima. De los 60.000 pensamientos que puedo tener cada día, seguro que la mayoría tienen que ver con mi trabajo: ¿Cuál es el siguiente paso?, ¿Qué libro podría escribir?, ¿En qué proyectos me quiero embarcar?, ¿Sobre qué tema escribiré en el blog mañana?, ¿Cómo está la planificación financiera del próximo semestre?, y así indefinidas preguntas y respuestas que a modo de soliloquio me voy dando cada día, cada hora, cada minuto…

Me he definido en ocasiones como trabajólico, como una persona a la que le cuesta desconectar. Tengo serios problemas con ello, para que os voy a engañar. Como en alcohólicos anónimos, lo primero es reconocer que uno está enganchado… hasta las trancas.

Cuando uno se excede con el trabajo le puede costar la salud, la familia e incluso los amigos. Entonces es cuando tiene que decidir poner cortafuegos entre su vida laboral y personal

Cómo saber si tienes adicción al trabajo

¿Desconexión? ¿Qué es eso?

Lo primero que le ocurre a los que tienen adicción al trabajo es que tienen serios problemas para desconectar cuando están en su tiempo libre. Cuando llegan las vacaciones, cuando ya están en esos primeros días de descanso, ellos todavía miran su email en el smartphone cinco o seis veces al día, todavía siguen preocupados por lo que se dejaron sin acabar antes de irse de vacaciones, y por todo lo que está por venir.

Es decir, que pueden estar en Punta Cana tomando una Caipirinha con la mujer o el hombre de su vida, pero pensando en lo difícil que será pagar el IVA del trimestre.

…El tren todavía está en marcha dentro de sus cabezas, la inercia es muy difícil de detener y sus mentes todavía siguen dando vueltas y vueltas a los problemas, retos y desafíos derivados del trabajo.

Suelen pasar unos días hasta que el tren se detiene… (en mi caso suelen ser dos o tres días, por este motivo no suelo tener vacaciones cortas).

Luego cuando llega el final de las vacaciones, entonces es cuando empiezan a tener unas ganas locas de volver al trabajo, de empezar a sentir de nuevo toda esa adrenalina por sus venas, haciéndoles sentir importantes, grandes, exultantes ¡Volver a ser triunfadores!

Disfrutan con cualquier tema laboral como si se les fuera la vida en ello

Lo peor que le puedes hacer a un trabajólico es ponerle retos, desafíos, plantearle nuevos escenarios.

Los problemas son retos para ellos, los desafíos su razón de ser…

Y sí, es cierto, se les va la vida en ello. Lo cual quiere decir que su salud empieza a empeorar desde el momento en que esa pasión desaforada empieza a crear problemas de sueño, estrés, y otros. Al final el cuerpo se tensa, los músculos se tensan, el sistema cardiovascular y nervioso empiezan a sufrir. El corazón recibe el mensaje de que hay algo que no va bien, de que tiene que estar en situación de tensión.

Todo el día estamos activando nuestra respuesta a amenazas externas, como si un tigre estuviera a punto de lanzarse sobre nosotros. El sistema inmunitario empieza a inhibirse. Cada una de las 50.000 celulas de tu cuerpo empieza a notar ese miedo, y quizás hasta empieza a no crecer, sino a protegerse…

Miedo y crecimiento son dos palabras que no pueden coexistir en la misma frase. Allí dónde hay miedo no hay crecimiento.

No reconocen que tienen un problema

Como el problema está bien visto, entonces tienen la excusa perfecta para seguir haciendo más de lo mismo. Lo que hacen lo hacen por «responsabilidad», por «implicación», por «necesidad», porque «no hay otro remedio», porque «es un momento difícil», porque «sólo es cuestión de unos meses».. y una lista muy larga de razonamientos lógicos para evitar decir: «Sí, mi trabajo me tiene abducido, soy adicto a mi trabajo, tengo un problema de narices».

Como cualquier adicto a una droga, te será muy difícil reconocer que tienes un problema.

Sienten la culpabilidad de no estar trabajando

Si estás tumbado en una playa con tus dos hijos y tu mujer o marido a las 12:00 de la mañana es porque eres un vago y un manta. Pero si a esa misma hora estás metido en tu traje solucionando un problema sobre la producción de la fábrica, entonces estás dónde tienes que estar, trabajando. Cuando uno empieza a tener este tipo de pensamientos se los tiene que hacer mirar. Es posible que alguna vez te haya ocurrido…

Cuando un lunes estás de vacaciones y todo el mundo trabaja, es muy probable que te sientas culpable, algo así como «¿Qué hago yo aquí comprándome unos zapatos un lunes a las 11:00 de la mañana mientras todo el mundo se está buscando las habichuelas?… ¿me echaré a perder?….»

El trabajólico tiene la sensación de que si descansa un poco se quedará en ese estado para toda la vida. Es algo así como no querer parar no vaya a ser que uno se acostumbre, y ya no vuelva a trabajar nunca más. Lo que no saben es que esa culpa les acompañará de por vida. Y que tendrán que hacer un trabajo personal bastante importante para poder quitarse ese estigma.

Más vale ser un adicto al trabajo trabajando para ti que para otros

En el 2005 me partía el pecho por la empresa para la que trabajaba. Que además estaba gestionada por alguien que, digamoslo de forma cariñosa… no motivaba demasiado.

Lo peor que te puede pasar es que tengas problemas de estrés y familiares trabajando para otros, es el colmo de la estupidez humana. Si te vas a matar a trabajar, al menos hazlo trabajando para ti. Digo yo.

Olvídate, si eres adicto al trabajo, móntaleló por tu cuenta, te irá mejor, ganarás más dinero (si lo haces bien) y además decidirás lo que quieres hacer en cada momento. Es cierto que los problemas de tu adicción al trabajo serán los mismos, pero al menos los beneficios serán mayores, y por otro lado, siempre podrás decir aquello de que tú te lo has buscado, de que jodido pero contento.

Tienes que poner cortafuegos

Lo dije al principio, tienes que saber poner cortafuegos o todo tu sistema caerá en unos años… Te diré algunos de los míos:

Lecturas. Durante el año leo demasiados libros y blogs sobre management y gestión. Para evitar hacer esto más de la cuenta, llevo un tiempo leyendo novelas, historias, la última que he leído es el libro escrito por el hijo de Pablo Escobar, me ha ayudado a desconectar bastante. También leo a Murakami siempre que puedo y a otros autores que me hacen viajar a otros mundos que no huelan a business.

Modo avión. El mejor modo del teléfono móvil es cuando lo pones en modo avión. Poner tu teléfono varias horas al día, durante la noche y el mediodía en modo avión es muy sano, te hace dejar de recibir whatsapps, emails, etc… La sensación de desconexión es mayor. Por otro lado, nada se quema cuando tu no estás, no temas, tu empresa puede ser gestionada incluso sin ti, tienes que poner los medios para ello. Si no lo has hecho todavía tienes que empezas a adoptar otros estilos de liderazgo.

Hacer una pausa (de verdad) cada cierto tiempo. El fin de semana no me llega en muchas ocasiones para desconectar, sumado a que muchos sábados trabajo. El domingo por la tarde-noche sigue siendo costumbre del trabajólico empezar a conectar con todo lo que tiene que hacer durante la semana. Quizás sea ese el motivo por el que cuando finaliza el año hacemos el calendario laboral del año que viene, teniendo en cuenta que habrán muchos más momentos de descanso de los que podría tener trabajando por cuenta ajena.

Me tomo bastante en serio mi descanso, las siete semanas de vacaciones en verano, las dos semanas en el Monasterio en Febrero y Noviembre y otras 4 semanas extra para Fallas, Semana Santa y Navidad, unido a los 5 homenajes que solemos realizar Belén y yo cada año que suelen ser pequeños viajes con encanto de 4 días de duracíon. Todo esto suman muchos días de vacaciones cada año.

Sin embargo, si sumo las horas dedicadas a trabajar en casa del cliente en estos seis primeros meses del año me salen 439. Otras 487 horas las he invertido en otras tareas laborales (blog, marketing, propuestas, proyectos internos, etc…), es decir que en lo que llevamos de año he trabajado más de 900 horas. Y a final de año sumarán tantas como cualquier otra persona en la empresa privada. En mi día a día, es muy habitual que algunas jornadas tengan 14 horas laborales, y las semanas 60.

En las vacaciones de verano, es muy probable que escriba un nuevo libro, al que dedicaré unas 60 horas directas. Lo cual quiere decir que aunque me tome muchas vacaciones, tampoco desconectaré como es debido… es lo que tiene la adicción al trabajo.

La eterna pregunta ¿vives para trabajar o trabajas para vivir? Creo que está mal planteada, habría que decir simplemente ¿vives? porque si no vives es momento de que empieces a tomar las riendas de tu vida.

Y después de todo esto, uno se siente feliz, inmensamente feliz. Mira por la ventana y puede ver como el sol sigue brillando, como el verano llama a su puerta, camina por la calle y ve como las personas pasean, cada uno con su mundo interior, las personas ríen, se dan la mano, se besan, el ser humano es maravilloso, estoy convencido. Amar la vida es apasionarse por ella, no conozco otra forma de hacerlo ¿Hay forma de desconectar?

Te dejo con estos dos minutos de vida

Que tengas un gran día

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