Crecimiento personal

Momentos que te cortan la respiración

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Aunque pasen los años y te parezca que sigues viviendo, en realidad, muchas veces no es así. En ocasiones estamos aletargados durante varios años, dentro de vidas descafeinadas y sin el más mínimo atisbo de felicidad, éxtasis y frenesí. Dicen algunos que la vida es la suma de aquellos momentos que te cortan la respiración, de aquellos instantes con un toque de magia y trascendencia. Hoy como es viernes escribiré sobre este tema, por si el fin de semana te puede traer alguno de estos momentos.

La vida es la suma de esos momentos que te cortan la respiración

Si me pongo a recordar esos momentos, podría hacer una lista, no demasiado larga, quizás si me pongo a recordar me vendrían a la memoria algo menos de 50 instantes de este tipo. La vida se compone de esos momentos, es lo que acabas recordando, lo que se acaba haciendo memorable para ti.

  • En el 2002 conocí a Joan y a Ramón haciendo el camino de Santiago en bici. En aquellos años éramos pocos los que hacíamos el camino en bici. No era fácil encontrar bicigrinos. Yo había salido bien temprano de Roncesvalles y, después de comer, dormía la siesta en un campo de trigo al lado de la ermita de Santa María de Eunate.  De repente vi como dos ciclistas se alejaban, monté en la bici y los alcancé. Esa tarde llegamos e Estella y disfruté mucho de esas primeras conversaciones. Ha quedado una gran amistad de todo aquello.
  • Recuerdo en el 2000 cuando trabajaba en Colonia (Alemania), una tarde fuí a visitar Königswinter, subí en el tren cremallera y bajé caminando hasta el Rihn. Me quedé mirándolo sentado en un muelle durante un par de horas. El agua pasa muy lentamente en el Rihn y te tranquiliza ver como se mueve sigilosa delante de tus ojos. Atardeció, y tuve la sensación de que aquello era la vida.
  • En Mayo del 2009 conocí a Belén en un programa de formación, al día siguiente salimos a tomar algo a Portsaplaya, una zona de playa que queda cerca de Valencia, al llegar la noche fuímos a tomar algo (no recuerdo el qué). Al poco rato de hablar nos quedamos en silencio, y nos besamos. Yo no podía creerlo, todavía me tengo que pellizcar de vez en cuando. Desde entonces es la mujer de mi vida.
  • En Abril del 2010, en una de esas épocas del año de mucho trabajo, me tomé una tarde libre. Cuando hago esto, suelo ir a caminar a la playa del Perellonet. Tranquiliza mucho pasar un par de horas sin rumbo paseando por una playa que te gusta. Al acabar la tarde y caer el sol, tuve la sensación de que había vuelto a recobrar el equilibrio y la energía que el estrés me había quitado.

  • A principios de Marzo del 2010 José Aybar me habló del Monasterio de Poblet. Yo, como tenía que dar las últimas pinceladas a Creer para Ver, decidí ausentarme durante una semana para ir a visitar el Monasterio. Cuando llegué a Poblet tuve la sensación de que el tiempo se había detenido. Esa misma noche hubo un gran silencio y mucho frío antes de que saliera el sol. Cuando abrí la ventana al despertarme había caído una gran nevada. Fue maravilloso estar todo aquel día en el Monasterio y la viña disfrutando de la nieve y del hielo.
  • En 1997, junto con otros cuantos apasionados del mundo de la bici de montaña, hacíamos carreras de descenso por allí por dónde íbamos. Uno de los lugares a los que más nos gustaba ir, era subir a la estación de esquí de Valdelinares y bajar monte a través hasta Mora de Rubielos. El monte de Teruel es muy agradecido para hacer monte a través con la bici, no está lleno de zarzas ni otro tipo de matojos. Mi hermano Luís, una de las personas que más quiero, y yo, bajábamos a toda velocidad riendo uno al lado del otro, a ver quien era capaz de entrar más rápido en la próxima curva, de colarle un interior al otro o de adelantarlo a traición. Lo pasamos en grande.
  • A finales de Julio del 2008 fuí al País Vasco a formarme en PNL con Iñaki y de paso visité un día a mis amigos Josemi y Marijo, que hacía poquito habían tenido trillizos. Por la mañana me levanté temprano y me acerqué a sus cunas sin hacer ruido. Pero ellos ya estaban despiertos, uno tratando de pasarse a la cama del otro y María (la chica) tumbada en su cuna, mirando al techo de la habitación con esa cara de felicidad y aceptación que tan sólo un bebé puede tener. No tardé en tomarla en mis brazos. Aquí tienes la prueba de aquel momento.

No quiero aburrirte con todo esto, son sólo instantes de una vida bastante normal. Sólo quiero pedirte que hagas lo posible por vivir esos momentos que te cortan la respiración, que te hacen saber que estás vivo/a, y que recordarás de por vida. Quizás nos visite alguna enfermedad ahora o el día de mañana, el Alzheimer podría llamar a nuestras neuronas a volver a la infancia. Pero hay momentos que siempre estarán con nosotros y que no se podrán borrar, pues más que en nuestro cerebro, parece que se hayan escrito en el mismo firmamento.

No dejes que los demás decidan la vida que debes vivir. No vivas una vida descafeinada. Sonríe, grita, salta, baila, acaricia, toca, ama, abraza, besa…

Que tengas un gran día.

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3 Comentarios

  1. No dejes que los demás decidan la vida que debes vivir. No vivas una vida descafeinada. Sonríe, grita, salta, baila, acaricia, toca, ama, abraza, besa…
    Muchas gracias, de todo corazón.

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  2. OHHH Gracias!
    Sería una muy buena terapia hacer esta lista!
    Entre todas las vivencias que vienen a mi cabeza, te cuento una (y no es con referencia al mundo del dinero o el trabajo, es con referencia a lo que uno Es y alcanza): el día que terminé mi carrera universitaria, y la sensación tangible de que «todo» eso lo había logrado yo sola…

    Responder

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