Crecimiento personal

El miedo al rechazo y porqué las cosas te podrían ir mejor

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Uno de nuestros mayores miedos es el miedo al rechazo, de hecho es la causa de un muchos de nuestros problemas. Cuando analizo el comportamiento de muchas personas (y el mío) me doy cuenta de que la mayor parte de nuestros problemas vienen por no saber gestionar este miedo y por no saber superarlo.

Porqué tenemos miedo al rechazo

Somos seres profundamente gregarios, la comunidad, el grupo al que pertenecemos, nuestra familia, amigos, empresa nos dan sentido. Podemos decir que somos lo que somos gracias a todos ellos. Siguiendo las palabras de Thich Nhat Hanh, «Intersomos» (Leer este post para saber más).

El miedo a no encajar, a no formar parte, a ser escindidos de nuestro grupo nos atemoriza y nos hace mostrar en muchas ocasiones una versión de nosotros mismos poco atrevida, que arriesga casi nada y que por lo tanto no consigue satisfacer sus necesidades.

  • El miedo al rechazo es el motivo por el que un comercial perderá muchísimas oportunidades comerciales a lo largo de su vida profesional.
  • El miedo al rechazo hará que una persona no conquiste a esa pareja que le gustaría tener.
  • El miedo al rechazo es el motivo que te impide pedir el justo aumento de sueldo o promoción que consideras que tu jefe te debería ofrecer.
  • El miedo al rechazo impedirá que socialices con otras pesonas con intereses parecidos a los tuyos.

Nuestras dos pulsiones naturales son el amor y el miedo. El amor y el miedo a no ser amados, a ser rechazados. Pero Houston tenemos un problema cuando este miedo condiciona o paraliza tus decisiones.

Utilizar el miedo al rechazo como trampolín

No puedes evitar el miedo, es una respuesta muy humana, natural y que nos ayuda entre otras cosas a sobrevivir. Por lo tanto no te voy a decir «deshazte de tus miedos» ni frases hipotéticamente motivadoras de ese tipo que los gurús lanzan así a la ligera, como quien lanza maiz a las gallinas.

«Los miedos son grandes aliados… si sabes cómo aprovecharlos«

El problema viene cuando le prestamos demasiada atención al miedo, cuando pensamos mucho en él, entonces nuestro cuerpo se bloquea, no hacemos lo que tendríamos que hacer…

Aunque no tenga todos mis miedos superados (te puedo asegurar que me quedan unos cuantos…), aprendí a reconocer y superar el miedo cuando me gustaba patinar (skateboard) allí por mi adolescencia íbamos saltando escaleras todo lo grandes que podíamos (cómo estas), recuerdo que los dos segundos antes de saltar sentías miedo por todo el cuerpo, pero sí le hacías caso al miedo o no saltabas o te pegabas el guantazo del siglo contra el suelo.

Más tarde cuando practicaba Kung-Fu también pude superar algún que otro miedo, por ejemplo al romper ladrillos como hace este monje shaolín o varios palos de escoba con la espinilla, si pensabas que no podrías acababas lastimado. Si pensabas que podías lo hacías (creer para ver). Son ese tipo de locuras que te gusta hacer cuando tienes menos de 20 años. Ahora dirás «César, eres un tipo realmente raro». Lo sé.

Hoy en día sigo teniendo mis miedos, el miedo al rechazo sigue presente en mi. Y será así, soy humano y no puedo evitar reconocer que «soy» gracias a muchas otras personas, y entre otras estás tú, que me lees y por lo tanto das sentido a los minutos que paso cada día escribiendo.

«Pero el miedo al rechazo no te puede paralizar tanto como para evitar que cumplas tus sueños»

La cuestión es que el miedo está ahí para avisarte de algo, el problema es cuando tomamos ese aviso como una señal de muerte y por lo tanto nos bloqueamos. Cuando ante una situación en la que tu vida no corre peligro el miedo te bloquea es porque el miedo se ha convertido en disfuncional. No te ayuda, sino que te perjudica.

Así que mi propuesta es que utilices tu miedo como una señal para hacer algo, como un pistoletazo de salida «¡Vamos! es tu turno. ¿Sientes miedo? ¡Enhorabuena!, a llegado tu momento de actuar«

  • Permite que tu miedo te avise de que tienes que actuar llamando a esos siete u ocho clientes que no esperan tu llamada en los próximos sesenta minutos.
  • Haz que tu miedo sea el indicador de que debes levantar el culo de la silla, entrar al despacho de tu jefe y decirle que te mereces un aumento.
  • Permite que tu miedo te avise de lo importante que es esa persona para ti y llámala, díselo. O mejor todavía, bésala.
  • Aprovecha tu miedo al rechazo para hablar con esa persona sentada a tu lado en ese viaje en tren tan aburrido.
  • Aprovecha tus miedos para saltar, bailar y gritar ¡Sí a la vida!

Si hay algo de lo que tú y yo nos vamos a arrepentir cuando tengamos ochenta años y con suerte nos veamos dando de comer a las palomas es de lo que no hicimos, de lo que no nos atrevimos a hacer, de lo que no dijímos, de lo que no besamos, de lo que no bailamos, de lo que no compartimos, de todo lo que se nos esfumó…

PD: Te propongo un compromiso anti-comodidad: Haz algo ahora que no ibas a hacer antes de leer este post, pero que sabes que quieres hacer (Y luego me lo cuentas)

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