Crecimiento personal

Lo que de verdad importa. Reflexiones a 40.000 pies

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Vuelo, en un avión Iberia más viejo que una carraca, Viajo a Quito, Ecuador. Ya me lo había avisado Víctor a quien me he encontrado en el aeropuerto de Manises. Me ha dicho “El Concha Espina es uno de esos aviones de los años 80” no se ha equivocado demasiado, me ha ido a tocar, aunque me había dado una lista con 6 o 7 más que también son de la época.

Es Domingo por la tarde son las 18:42 hora española. En Quito son las 11:42a.m, llegaré a las 17:00 hora local. Llevo desde las 6 de la mañana tomando aviones, y el vuelo a Quito es realmente largo, 12 horitas de películas, lecturas, cabezadas, y todas esas cosas que hace la gente cuando vuela. Como siempre que uno tiene tiempo de reflexionar, acaba dándose cuenta de lo que de verdad importa… No sé si tú has tomado conciencia de lo que es más valioso en tu vida, y si vives de acuerdo a esos valores. El otro día hablaba con un buen amigo de los valores, y de cómo los transgredimos tan a menudo, como nos traicionamos a nosotros mismos.

No sé si has apuntado en un papel alguna vez cuáles son tus valores, qué o quién es lo más importante para ti…

Lo cierto es que, por regla general, nos los pasamos por el forro (los Domingos se puede hablar mal). Compramos tantos y tantos valores externos, que nos olvidamos de los importantes… ¿Cuántas personas conoces que dicen que lo más importante para ellos son sus hijos?, ¿Cuántas personas realmente actúan de esa forma?, es decir, que les dedican el tiempo y la atención que necesitan…

¿Actúas siempre de acuerdo a lo que para ti es más importante o acabas haciendo otras cosas?

Uno se pregunta todas estas cosas cuando viaja. Es como que te permites mirar a tu vida desde lo alto y tratar de evaluar si estás haciendo lo correcto. A veces necesitamos salir de viaje para darnos cuenta de lo realmente importante… Por si fuera poco, me he puesto un poco más melancólico de lo normal viendo una peli. Tenía en el ordenador algunas y no he podido elegir otra que “También la lluvia”, de Icíar Bollaín. He llorado un par de veces, y me he sentido mal otras cuantas.

“También la lluvia” nos habla de dos dramas que son el mismo. El primero de ellos fue la conquista de América hace más de 500 años. El segundo, el que todavía viven las tribus indígenas en muchos de los países de Latinoamérica. En concreto relata la “guerra del agua”, como las compañías privadas de Bolivia querían impedir que los indígenas construyeran pozos para tener su propia agua.

Se te ponen los pelos de punta con muchas escenas de la misma, que ocurre en Cochabamba, en el año 2.000 y que narra la historia de un equipo de rodaje de otra película sobre la llegada de Colón y en especial sobre Bartolomé de las Casas y su denuncia de lo que allí estaba ocurriendo.

Por si fuera poco, uno de los protagonistas es Luís Tosar. Yo veo todo lo que hace este hombre, desde “Los lunes al sol”, hasta “Mientras duermes” o cualquier otra película, haga lo que haga, lo veo.

Me parece extraordinario. Lo de la guerra del agua de Bolivia en el 2000, me recuerda un poco a lo de la energía solar… y el autoconsumo… y cómo los gobiernos que pasan por nuestro país se empeñan en hacer que siempre sea más caro producir tu propia energía que pagar 300€ en cada recibo a la empresa eléctrica de turno.

Mi amigo Emilio Bravo, con quien tengo ganas de volver a quedar pronto (Emilio, toma nota) ha lanzado una empresa comercializadora que promete revolucionar el mundo de la energía, se llama Lucera. Pronto hablaré de ella con más tiempo. Pero si quieres entrar en su web puedes hacerlo.

Ahora vuelo en este avión, hay algo de silencio, pero no todo el silencio. Hay algo. Las luces apagadas, un bebé llora algunos asientos detrás de mi. Es maravilloso como la vida se expresa a cada momento, sea a través del llanto de un niño o del beso de una pareja de enamorados.

A mi lado hay un chico negro que viste traje, habla un inglés muy pobre, pero nos ha dado tiempo a conocernos y a ayudarle a rellenar la tarjeta con datos sobre el viaje que cada pasajero debe entregar en su destino. Viaja con 10 personas más a Guayaquil, yo estaré el miércoles por allí trabajando para una empresa privada.

Son de Senegal, y está rendido porque ha viajado desde ayer sábado. Se dedican al import-export, y me pregunto qué tipo de negocios realizará. Le costaba mucho poder escribir y no conocía nada de castellano y muy poco de inglés. Me ha preguntado si en Ecuador se habla francés. No puedo sino admiración por quien trata de ganarse la vida.

En su traje todavía se ve la etiqueta bordada de la superficie, esa que ponen para que la quites nada más llegar a casa, pone Zara. Pero no es auténtico, ese logotipo huele a copia. De hecho no es una copia, es simplemente un logotipo en el traje de alguien que conoce una realidad muy diferente a la de todos nosotros, y que tiene una mirada pura, y limpia. De las que quedan pocas.

Mientras tanto, ayer leía algo de Zara. Resulta que Amancio Ortega ha subido puestos en la lista Forbes y creo que ya ocupa el segundo o tercer puesto. Ha pasado a Carlos Slim, que se dice pronto. Parece ser que en lo que va de año ha ganado unos 6.800millones creo recordar… ¿Tiene sentido todo esto que escribo? Bueno, hoy me permito hacerlo así, escritura libre, dicen que es terapéutica.

Y mientras tanto ¿Qué haces tú?, ¿Qué es de tu vida? ¿Eres feliz?

Sí, no te lo digo de broma. Lo digo en serio ¿Eres feliz? ¿También te encuentras como yo, a veces sumido en toda una serie de sentimientos contradictorios? Los aviones te hacen pensar. Recordarme que no me suba a ellos tan a menudo.

No sé, quizás sea porque es domingo por la tarde, y uno se permite no estar tan pendiente del business y sí más de lo que de verdad importa.

Al chico negro le he preguntado si quiere una dormidina, yo no he tomado, aunque sí he traído por si las moscas. Quizás a mi vuelta, pero si me durmiera en este viaje, esta noche no pegaría ojo, y miraría la ciudad de Quito desde la ventana del hotel, como quien mira al infinito.

Nos han traído un sándwich. La comida de los aviones es como la de los hospitales, uno la toma porque sí, no porque quieras comerla de verdad. Para buena la hamburguesa que anoche Sábado hice en casa, con patatas deluxe, y con muchas salsas. Ese momento con Belén fue mágico. Cualquier momento de mi vida con ella es siempre mágico. Hace 6 años me enamoré de ella, y quiero seguir estándolo siempre.

Otro niño llora, no para de hacerlo. Cuando un niño llora algo se me clava en el corazón. Este sólo dice cuatro palabras, que repite varias veces mientras balbucea: “Quiero volver a casa”… todos tendríamos que tener derecho a volver a nuestra casa siempre que quisiéramos. Uno no puede escuchar esas palabras y no pensar en los cientos de niños y adultos que han huido de la guerra y no pueden volver a casa. ¿Cuánta gente habrá ahora mismo queriendo volver a casa?

Todos sabemos dónde está nuestro hogar, y volver a él siempre nos reconforta.

Hace poco escuché una conferencia en audio de Félix Grande en la que cuenta una pequeña historia, también hablando de esta idea de volver a casa. En Febrero del 1939 mientras en España nos matábamos a tiros, un hombre llamado Corpus Barga cargaba en brazos a la madre de Antonio Machado, moribunda, y muy mayor, pocos días antes de morir. Llegaban a Colliure, Francia. Huían de lo que para Machado sería una muerte casi segura si se quedara en España. Habían pasado la noche en un vagón de tren, medio congelados de frío. Machado moriría a los pocos días, su salud estaba también demasiado quebrada, y su corazón todavía más. Caminaba al lado de su madre a quien Corpus llevaba en brazos, cuando esta le dijo “¿Antonio, llegaremos pronto a Sevilla? También ella quería volver a casa. Como ese niño que lloraba hace unos segundos.

Todos sabemos dónde está nuestro hogar. A veces ese hogar es la infancia, otras veces es una persona, un país, un pueblo…

Quizás leas estas líneas desde tu silla de la oficina. O a lo mejor lo hagas desde tu teléfono móvil en el momento de ese café que tomas cada mañana. O quizás las leas por la noche, cuando en el sofá no te gusta lo que ponen en la tele y te sumerges en este blog o en otros lugares. En cualquier caso, mi pregunta sigue siendo la misma, ¿eres feliz? Porque si no lo eres, mereces serlo. Y aunque haya que mover cielo y tierra, tenemos que buscar la manera…

Mis mejores deseos para esta semana

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3 Comentarios

  1. Mónica

    ¡Hola César!
    Caray, cuántos temas afloran a 40.000 pies 🙂 La felicidad, lo que de verdad importa, el derecho a regresar a casa, la mirada limpia de tu compañero de viaje, Luis Tosar, la energía, Amancio Ortega…
    No nos tienes acostumbrados a una escritura tan libre, pero ¡está muy bien de vez en cuando!
    Un abrazo,
    Mónica.

    Responder
  2. Roberto Lacambra

    Hola César!, te deseo una feliz y provechosa estancia al otro lado del charco. Acostumbrado a leer tu blog diariamente hoy he percibido un cierto tono melancólico, de cierta tristeza me atrevería a decir…; seguro que son imaginaciones mías, de cualquier forma como te he dicho te deseo que pases unos buenos días.

    Y respondiendo a tu pregunta sobre la felicidad: bien, desde que hace dos meses dejé el sector bancario me atrevo a decir que mi día a día al lado de mi mujer, mi hija, amigos y demás familia está lleno de momentos felices; me siento «en el buen camino».

    No hay nada como hacer frente a los miedos que todos tenemos y tomar decisiones, por difíciles que éstas, a priori, puedan parecer.

    Hablamos.

    Un abrazo

    Roberto Lacambra

    Responder
    • Hola Roberto! espero que estés de cine y que todo vaya muy bien por Huesca. Espero hablar contigo pronto. Gracias por esa sensibilidad interpersonal que te caracteriza. Sí, hay tardes para todo, y ese día le tocaba a la melancolía expresarse. Ya de nuevo en mi estado de ánimo habitual, con el que también me llevo genial. Sigue disfrutando de la familia y los amigos Roberto, son lo primero. Ya nos llamamos y me cuentas qué es ahora de tu vida. Un fuerte abrazo

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