Crecimiento personal

El hotel de las emociones ¿Qué lenguaje utilizan nuestros sentimientos?

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eel lenguaje de las emociones

¿Cómo de fluido hablas el idioma de las emociones? Los sentimientos tienen un lenguaje, un idioma rico en matices y con un vocabulario más amplio que cualquiera de los que imaginas…

Las emociones hablan, es inevitable, hablan porque necesitan ser escuchadas. También es cierto que no siempre ponemos la atención y el oído para escuchar.

El cuerpo es muy inteligente, infinitamente más de lo que creemos, el cuerpo habla de cada emoción que estamos sintiendo, nos lo indica a través de todas las sensaciones posibles ¿las sientes?

Un día recibes una mala noticia sobre cualquier persona importante en tu vida, y sientes que se te clava una aguja justo detrás de la boca del estómago. Notarás el dolor punzante varios días, hasta que hayas captado el mensaje, hasta que hayas oído las palabras del lenguaje de la emoción.

Hay personas que no lo sienten, que no notan como la aguja del dolor penetra en ellos, y por lo tanto cierran sus oídos a este lenguaje. Es algo así como una anestesia, un tratamiento preventivo que hace tiempo aplicaron, el tratamiento para no sentir.

Es un tratamiento muy aplicado estos días, muy común y extendido, se suele aplicar en la infancia, y te acompaña hasta el día de hoy. Te mantiene anestesiado/a.

Quizás la mayor pérdida, es que estas personas no sólo se pierden el lenguaje doloroso de las emociones (que es amplio y rico en sensaciones), no sólo se pierden las agujas, los puñetazos, los bloqueos, las piernas temblorosas… sino que también se pierden la placentera sensación de paz y tranquilidad, la magia de las mariposas en el estómago, el frenesí de un cuerpo entero que irremediablemente centellea cuando llega el orgasmo.

Somos seres sintientes, nuestra naturaleza mamífera nos ha preparado para una existencia plena, en la que todos los sentimientos tienen un hueco, un lugar, un rinconcito en tu cuerpo a través del que se expresan.

el lugar de las emociones

El hotel de las emociones

Mi cuerpo es como un pequeño hotel en el que, asiduamente, vienen a hospedarse las distintas emociones. En ocasiones, hay overbooking, en el mismo día, llegan tristeza, alegría y rabia y se juntan todas en la recepción, a la misma hora, pidiendo hacer el check-in.

Yo trabajo en ese hotel, allí hago de botones. Llevo a cada una a su lugar, con su equipaje, acompañándola en el ascensor: “venga conmigo señora tristeza, le acompañaré a su habitación”. Aunque en realidad pienso “¿Cuántos días pensará quedarse?” A veces me gustaría saberlo, aunque no soy yo el director del hotel, no tengo acceso, todavía, al sistema de reservas.

Un hotel boutique, de pocas habitaciones, las justas, acogedor si quieres.

el hotel de las emociones

En la boca del estómago hay una habitación, hay una pequeña puerta en la que pone “Tristeza: el lugar en el que están las cosas importantes y las pérdidas”. Cuando la puerta se abre, un tinte oscuro cubre todo el hotel, es como si todo perdiese el color y se quedara en escala de grises. Esto afecta a todas las estancias del hotel, los ojos se cristalizan, la boca pierde su expresión, las piernas se debilitan.

En los brazos y en la dentadura hay dos puertas de entrada (que curioso) a otra habitación. En la puerta pone “Rabia y enfado: el lugar en el que se marcan los límites”.

Hay una pequeña y sencilla puerta de madera en mi pecho, se suele abrir cada vez que respiro en paz y me siento feliz, allí indica “Tranquilidad: el lugar de la aceptación y el bienestar”. Cuando se abre esta estancia siempre sale un aire limpio.

Hay más habitaciones, son tantas que no me ha dado tiempo a contarlas todas. La verdad es que, mi día a día con tantos clientes y su equipaje me lleva muy atareado.

Algunos días, cuando parece que todo está en calma y en paz, oigo el chirrido de una puerta al abrirse y me pregunto ¿Quién será?, ¿Qué querrá ahora esta emoción?

Hay un lenguaje, hay un código, escondido, sutil, mucho más inteligente que todo lo inteligente que sea o que pueda parecer uno. Ese lenguaje no entiende de lógica, y tampoco de tiempos. La rabia que sentiste en tus primeros años de vida, puede ser uno de los clientes más habituales a tu hotel 45 años después. La tristeza de aquella pérdida cuando eras joven, viene hoy a verte en la edad adulta, entra en recepción con una maleta bien grande y dice “No hice ninguna reserva, pero pagaré un mes por adelantado”.

La alegría por el encuentro y el logro, y por el hecho de estar vivo, también está presente en tu hotel.

sentir emociones

Tienes reservado el derecho de admisión, puedes no aceptar a algunos clientes, puedes no querer que algunos pernocten allí. Pero para hacerlo, reaccionar airadamente no te servirá de nada, muchos se irán de tu hotel, pero se quedarán esperando en el banco de la puerta para entrar al día siguiente. Están reclamando un lugar.

A veces pienso que lo mejor que podemos hacer, es no solo permitir entrar en nuestro cuerpo a todas las emociones, sino que tenemos que cuidarlas, disponerles aposento y sentarnos a conversar con ellas. En realidad, son clientes solitarios, viajantes que van y vienen, que se hospedan de forma aburrida en los cuerpos/hoteles de la gente. En sus distintas habitaciones.

Sólo buscan compañía, sentirse comprendidas, hablar con alguien, contar sus preocupaciones, deseos, aspiraciones o compartir sus pasiones. Nada más. No hay nada malo detrás de ellas, simplemente información. Quizás la información sea más procesable por cada uno de nosotros que los sentimientos. Nos llevamos mejor con las palabras y los números que con los sentimientos.

Sugiero, si la situación es extrema y muy desagradable con alguno de estos clientes que desea pernoctar, que más allá de echarlos antes de cruzar la puerta, les dejemos entrar, les sirvamos un café en recepción y les explicamos brevemente que estamos reformando el hotel, que estamos aireando las estancias, coloreando las habitaciones y actualizando el mobiliario. Pedirles que, por favor, busquen otro alojamiento cercano.

Siente, haz que tu cuerpo sea un transmisor fiel de todo lo que te ocurre en la vida. Utiliza tu cuerpo para vivir plena y pasionadamente. Plena y apasionadamente.

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