Liderazgo

Este cuento podría serte de mucha utilidad

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Amanece, se agradecen estos días largos que nos avisan de la llegada del verano. Hoy viajo a Lérida, trabajo allí hoy y mañana con el equipo de una empresa decidida a mejorar sus resultados. La semana está siendo muy desafiante, se han juntado varias circunstancias que hacen que esté durmiendo poco y que a estas alturas necesite algo más de descanso y tiempo para mi mismo. Esta noche trataré de recuperar el sueño perdido…

Las prisas no son buenas consejeras, he hablado de ello en otras ocasiones (en este o en este post). Cuando se trata del estrés, nos damos cuenta de que no mata la bala, sino la velocidad que esta lleva. Hoy quiero contarte una historia, un pequeño cuento que podría serte de mucha utilidad y que ejemplifica lo que nos ocurre cuando nos aceleramos más de la cuenta…

Este cuento lo podrás encontrar en «Creer para ver. Una guía para el liderazgo personal«, mi segundo libro y al que le tengo mucho cariño, pues es una novela que nos habla de alcanzar nuestra mejor versión, de la mano de sus protagonistas, Marc, Nicolás, Estela o Alîm Azhar. Mi mujer también le tiene mucho cariño, pues el libro cuenta una historia de amor, y además está dedicado para ella:

»Hace unos años un grupo de científicos decidió viajar a la selva amazónica. Iban en busca de algunas plantas y animales, en las que encontrar el remedio para muchas de las enfermedades de la actual sociedad civilizada. Para adentrarse en la selva amazónica contrataron a un grupo de indígenas del lugar. Con ellos irían seguros y además llevarían la mayor parte del equipaje que estos médicos acarreaban consigo, pesadas maletas, alforjas y baúles.

»Todos se fueron adentrando en la selva amazónica a un ritmo pausado y tranquilo, los indígenas eran realmente amigables, alegres y divertidos, no paraban de charlar entre ellos y reír, lo que alegraba también a los científicos. Al tercer día, el grupo de científicos habiendo tomado confianza con el grupo de indígenas pidió que fueran más deprisa del ritmo al que estaban caminando. Pensaban que de seguir a ese ritmo no cumplirían con sus objetivos del viaje, tampoco disponían de todo el tiempo del mundo.

»Los indígenas caminaron a un ritmo mayor durante ese día. Al día siguiente se les pidió que hicieran exactamente lo mismo, poco a poco los indígenas fueron perdiendo su sentido del humor, alegría e incluso la vitalidad que les mantenía tan enérgicos y unidos al grupo de científicos.

»Los científicos comenzaron a dudar de estos, un cambio tan profundo en su carácter les hacía sospechar y sentirse incómodos. Pensaban que estos estaban tramando algo en contra de ellos, además, estaban en un terreno en el que los indígenas tenían ventaja. Sentían miedo y desconfianza por estos hombres, al principio amigables y, sin embargo, tan serios ahora.

»A los varios días llegaron al lugar de la selva en el que se recogerían muestras, y buscarían exóticas y novedosas plantas, allí establecerían su campo base. Los indígenas apenas hablaban, estaban serios, exhaustos y muy pensativos. E igual de desconfiado estaba el grupo de científicos, quienes ya estaban ideando alguna idea por si la cosa se ponía difícil.  

»Pasaron tres días en el campo base, y los indígenas comenzaron a recuperar la vitalidad, la energía del grupo fue poco a poco aumentando. Por lo tanto también el sentido del humor, la actividad y los diálogos entre ellos, tal y como habían empezado a hacer al comienzo del viaje, reían.

»Los médicos se sintieron muy sorprendidos, pero también felices de que esto ocurriera, estaban realmente asustados de que los indígenas les traicionaran. Después de hablar entre ellos, el jefe del grupo de científicos decidió preguntar a uno de los indígenas, a través del traductor que llevaban en la expedición.

»―¿No entendemos los cambios de humor de vuestra tribu? ¿Por qué habéis estado tan serios y callados estos días y sin embargo desde hace unas horas, tenéis mayor alegría, y mucho mejor estado de ánimo?

»Al escuchar la pregunta traducida, el que hacía de jefe de los indígenas, miró al científico y pidió al traductor que le tradujera lo que le iba a decir. El científico hizo un gesto al traductor para que lo tradujera rápidamente.

»―Cuando empezamos a caminar más rápido que nuestro paso natural, empezamos a dejar atrás nuestras almas. Así es que hemos estado varios días sin ellas acompañándoos a vosotros hasta aquí, sin vitalidad y sin energía, sin vida. Ahora que llevamos tres días en este campamento, nuestras almas ya nos han alcanzado ―contesto el traductor.

Dicen que la felicidad y el liderazgo personal es ese estado en el que tu personalidad está en sintonía con tu alma

Que tengas un gran día.

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