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Entrevista a Rafael Álvarez «El Brujo»

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Siguiendo con esta sección de entrevistas, hoy te presento una conversación a fondo con un actor que seguro que conoces Rafael Álvarez «El Brujo». Alguien a quien he admirado desde hace ya casi años y tenido el placer de conocer. Esta entrevista es parte mi libro «Mentalidad Ganadora» en la que entrevisto a varios personajes de éxito del mundo de la empresa, la moda, la cocina o el arte. Si te interesa leerlo este es el link.

El Brujo es uno de los actores que más me ha gustado seguir a lo largo de los años, un mago en el escenario. Porque realmente hace magia, ilumina los corazones de las personas que lo escuchan con obras extraordinarias, monólogos en los que sólo aparece él y en los que la risa y la reflexión profunda del público se entremezclan dejando un dulce sabor de boca…

Desde hace más de una década sigo sus obras, he estado en varias ciudades de España para verle actuar en “Lazarillo de Tormes”, “San francisco de Asís, Juglar de Dios”, “El Contrabajo”, “Mujeres de Shakespeare”, “El evangelio según San Juan” y otras. Hace poco estrenó “El Asno de Oro” en el festival de teatro de Mérida, con una gran acogida.

El Brujo tiene el don de la palabra y el de la puesta en escena, cautiva con la voz y con el verso, con un elocuente y atrevido sentido del humor. El contenido de sus obras está lleno de sentido, y como la interpretación es magnífica, el público queda admirado, aprende y disfruta.

Mi cita con Rafael fue en el Teatro Cofidís hace ya un par de años, en la Calle Alcalá de Madrid, estrenaba una de sus funciones llamada “Cómico” con la que El Brujo nos habla del andamiaje con el que se hacen las obras. Yo había salido de Valencia a mediodía y llegué a Madrid en el AVE en una tarde de Mayo en la que hubo un tremendo chaparrón justo cuando salí de la estación de metro “Sol”. El viaje, como siempre me sirvió para reflexionar sobre las vivencias que hasta aquel día había tenido gracias a la puesta en escena de El Brujo, de la que me enamoré hacía ya tiempo.

Rafael actuaba esa tarde en el Teatro Cofidís y algo antes de las ocho realizamos la entrevista. No pasamos a ningún despacho o sala de reuniones, la hicimos como debe ser, en el patio de butacas.

Entrevista a Rafael Álvarez «El Brujo»

C.P.: Rafael, vivimos tiempos de cambio. Muchos dicen que son tiempos difíciles, y a la vista está cuando uno mira la cantidad de noticias e indicadores económicos con los que nos bombardean los medios de comunicación. Yo quería saber, desde aquí arriba, desde el escenario, ¿Cómo percibes tú los ánimos del público?

R.A.: Yo diría que la gente está más despierta, que hay una mayor receptividad al humor, habiendo una mayor vivencia de los momentos de alegría. Y una mayor intensidad en todo tipo de transacciones desde el escenario al patio de butacas y viceversa. Es decir, un incremento del estado de alerta de la gente. Es como sí un cierto letargo se hubiera socavado. Es lo que yo creo, la crisis ha traído un mayor estímulo hacia todo. La gente valora más cada cosa, como por ejemplo una entrada de teatro. Lo que es recíproco, porque los actores también valoramos a cada espectador como si fuera una mina de oro.

Un espectador es un tesoro inmenso, tiene un valor inaudito, porque es uno más que ha venido, uno más que te escucha, es alguien que va a multiplicar tu mensaje, que lo va a valorar, que lo va a comentar.

C.P.: Es una buena noticia entonces…

R.A.: Sí, todos los males traen cosas buenas. Las fronteras entre lo negativo y lo positivo son siempre relativas y difusas. Hay un refrán que dice “no hay mal que por bien no venga” y también se podría decir “todos los bienes traen también ciertos aspectos perjudiciales”.

C.P.: Llevas más de cuarenta años en el escenario Rafael. Una vida como la tuya, que ha transcurrido en buena medida sobre un escenario y frente a un público, tiene que estar llena de aprendizajes ¿Cuáles son tus principales aprendizajes?

R.A.: Yo soy un actor que ha tenido una evolución muy particular dentro del teatro. El teatro se ha ido convirtiendo para mi en un método de expresión personal y he ido trabajando de una manera muy particular es mis espectáculos, en mi propia empresa, hasta dejar de ser un actor al uso. Hace mucho que no trabajo en obras con otros actores, en repartos complejos con más personas, y me he convertido más que un actor en un contador de historias, en una especie de humorista en solitario. Un solista de la escena, con un estilo muy propio que se ha ido decantando a lo largo de los años. Y ese estilo ha ido gestándose en función también de las respuestas progresivas y paulatinas del público a lo largo de los años. Todo estilo teatral es un toma y daca, un arte que se hace en conjunción con el público. Puedes escribir un libro, lo escribes y luego se edita, una película igual, y un cuadro igual. Pero el teatro no, el teatro se hace con el público.

El público forma parte del momento creativo, que es el momento de la escena. Los ensayos son solamente una preparación para vivenciar ese momento creativo que es precisamente el momento de la representación.

C.P.: En alguna de tus obras escuché “La palabra ya existía en un principio” ¿En qué medida ha perdido o ganado relevancia la palabra en estos tiempos?

R.A.: La palabra se ha desvirtuado, se habla mucho. Hay muchos medios de comunicación, todo el mundo dice cosas, y además ahora tenemos todos nuestras comunicaciones a través de Facebook y otras redes sociales. Todo el mundo tiene su propia “editora” que al mundo le lanza sus mensajes, y todo el mundo opinamos. Entonces ocurre que hay una inflación de la palabra. Y como todo movimiento inflacionista eso conlleva una devaluación. Hay una pérdida del valor genuino, de la intensidad primordial de la palabra. Por una ley de ajuste, de compensación.

Hay muchas palabras lanzadas al aire, y entonces las palabras han perdido valor.

Yo que trabajo mucho con la palabra, las busco, las cuido y las coloco de forma precisa y estudiada en momentos determinados, combinadas con otras para que surja un efecto determinado. Teniendo en cuenta que no las puedes lanzar así como así.

C.P.: ¿Qué objetivo buscas a través de tus obras?

R.A.: Yo busco varios objetivos que se resumen en uno final: Divertir al público, renovar la energía del público. Lo que significa que la gente viene al teatro de una manera y sale de otra, sale con su energía renovada como cuando haces deporte o te das un baño o te das un masaje. Pero, en dónde están implicadas no solamente la parte física del público porque te has reído y eso significa una descarga de adrenalina, sino también la parte emocional y por supuesto la parte intelectual dónde has renovado tus ideas y has reenmarcado ciertos conceptos. Como dicen los psicólogos, reenmarcar un concepto es sacar una cosa de su contexto y volverla a ver en otro contexto distinto. Y ese cambio de perspectiva te da una amplitud de miras, es una forma de despejar y liberar tu mente.

La risa es muy importante porque por un instante libera al hombre de sí mismo, que es la mayor de las opresiones.

Todos tenemos algún que otro machaque sobre nosotros mismos, una presión que es la autocensura, la autoexigencia, los complejos de inferioridad, todo eso con la risa se disuelve.

Y por último, elevar el espíritu hacia la divinidad, que sería la máxima meta del arte. A través de la belleza, porque la belleza redime a las personas, nos devuelve una visión de nosotros mismos espiritual, y elevada, y noble, y maravillosa.

C.P.: Todos estos son valores que se echan de menos en el mundo empresarial, el cambio de perspectiva, la amplitud de miras, la risa… de hecho me pregunto cómo serían nuestras empresas si en ellas hubiera algo más de esto. En un momento en el que necesitamos adaptación, este cambio de perspectiva que comentas sería más que recomendable, pues ayudaría a que viviéramos las situaciones con otra óptica, desde la que, a lo mejor, se ven otras soluciones.

Por propia experiencia, cuando he asistido a alguna de tus obras, he vivido ese reencuadre que comentas, ese reenmarcar y hacer que uno verdaderamente salga renovado del teatro. Muchas veces, como has dicho, es gracias a la risa, gracias al humor, con el que tu tanto sabes jugar ¿En qué medida el humor es importante en tiempos como los actuales?

R.A.: El humor es una terapia permanente en todos los tiempos. En tiempos de crisis y de no crisis. Cuándo vivíamos épocas de bonanza, había gente que estaba personalmente en crisis. Y en estos tiempos de crisis hay gente a la que le va estupendamente. El humor siempre viene bien, el humor te libera y te renueva, te da ánimos.

Cuando tu te ríes mucho, sales renovado para enfrentar las mismas cuestiones desagradables que tenías que enfrentar antes pero con una energía redoblada y renovada.

C.P.: Ahora mismo notamos que las empresas y muchos profesionales están faltos de ánimo. Y de cierto sentido también, porque parece que hemos perdido el Norte, ¿qué crees que podemos hacer?

R.A.: Bueno hay ya movimientos. El otro día una persona hablaba conmigo, alguien que se dedica al estudio de la economía del bien común, iniciado por Christian Felber. La idea principal es que las empresas tienen que basar su actividad en una serie de principios. Como la transparencia y la conexión de su actividad con todo lo demás. En una orquesta sinfónica un violín toca y destaca, pero si son cuatro violines se tienen que afinar, incluso el solista está en función de una partitura y de un proyecto sinfónico. Una empresa está en un tejido que es una totalidad, y esa totalidad es realmente lo importante. El crecimiento de una empresa, los beneficios de una empresa, la competitividad, los valores típicos del mundo mercantil están en función de una sinfonía general que es el bien de la totalidad, y este es el nuevo paradigma, la nueva forma de enfocar la competitividad.

La competitividad tiene que estar enfocada de una manera no hostil hacia el resto de las empresas y hacia el resto del mundo, sino de una manera cooperativa. Establecer unos mecanismos de cooperación, dentro de que toda empresa por definición es una fuerza competitiva.

Si tu vendes vasos, tienes que vender mejores vasos que el otro o más baratos, porque sino el otro te va a pisar el terreno. Pero debe de haber una modulación de esos impulsos. Porque si no hay esa modulación de los impulsos ocurre lo que ocurre con esas células en el organismo que generan el cáncer, que es que se dispara el crecimiento de una manera completamente desorganizada sin tener en cuenta el patrón general, y crecen a lo loco y generan un desequilibrio que acaba arruinando al cuerpo y es un caos. Y esto es de lo que trata la economía del bien común, y lo que son los valores de una empresa para el futuro, sostenibilidad, transparencia, democracia.

C.P.: De hecho, esto que comentas, es una mirada hacia el sistema, y no sólo hacia una de las partes, nosotros. Esta mirada holística, del griego holos, todo, parece que nos ayudaría a crear una cultura empresarial mucho más beneficiosa para todos. Y quizá menos agresiva. Dicen que “ningún árbol es tan estúpido para que sus ramas se peleen entre sí”, en este caso parece que nuestro árbol tiene problemas ¿Cómo se solucionarían?

R.A.: Incorporando los valores de la ética al mundo de la empresa, y modulando la competitividad y las relaciones humanas en función de una nueva escala de valores.

Uno no deja de ver cosas que realmente le llaman la atención. El otro día hablaba el Presidente de Pescanova (Manuel Fernández de Sousa, quien había cometido uno de los mayores escándalos en España al vender en repetidas ocasiones acciones de la empresa cuando esta iba directa a la quiebra. Según noticias en prensa, los bancos tendrán que asumir 3.000 millones de pérdidas), ahí se ve claramente se ve que ha habido un fallo en la gestión, ya no entras en que sea legal o ilegal. La gestión es una actividad cuyas fronteras con la legalidad son relativas, sinuosas ¿Dónde comienza lo legal o lo ilegal? Si tu sigues la normativa al pie de la letra, muchas empresas tendrían que cerrar.

Pero más lejos de eso, yo lo que estaba viendo en Pescanova, es que la empresa crecía a base de créditos continuos, y de esta forma ha crecido y se ha modernizado. Pero esto era ya como una especie de huida hacia adelante que es imparable. Es una locura, es una burbuja que tarde o temprano tendrá un pinchazo. Si para poder seguir funcionando y teniendo ingresos tienes que pedir otro crédito para poder abrir más, para tener más ingresos, pero esos ingresos los necesitas para pagar el crédito, y entonces necesitas otro crédito… eso no se acaba nunca. Es un desequilibrio.

Muchos gestores que son del mundo financiero y comercial, tienen una escasa formación humanista.

Ya no digamos valores de la ética, sino de la estética, porque la ética y la estética están combinadas. En la escuela de música de los Austrias se puede leer en latín “Ninguna ética sin estética”. El mundo de la empresa necesita del criterio de la humanismo, de la belleza.

La actividad comercial es realmente creativa e interesante, no es sólo crecer, ganar dinero de una forma arisca y árida, sino que hay una capacidad de desarrollar las potencialidades muy importante.

Pero hay una generación de gestores que están muy puestos en el trapicheo y en el mecanismo de la gestión, pero no tienen una cultura humanista, una cultura que les compense de ese trabajo que va sólo en una dirección. Y eso a la larga es infructuoso. Yo todo esto lo reflexionaba oyendo las declaraciones del Presidente de Pescanova. Independientemente de que sea un hombre que ha luchado por su empresa, lo que estaba describiendo, era una especie de huida hacia adelante permanente, algo estresante que sólo daba estrés de oírlo hablar. ¿Dónde está la relación de equilibrio con los propios mecanismos de la empresa y con los del exterior? El concepto de sostenibilidad incluye muchas cosas, no solamente es la relación con el medio ambiente. Es una forma de estabilidad, la expresión de una gestión en la que la estabilidad es muy importante, en la que hay solvencia, y en la que existe una sensación de confianza.

C.P.: Parece que una de las claves para el futuro sea esa sostenibilidad de la que hablas. Un concepto de empresa que es más consciente de su interrelación con el entorno, con mayor auto-conciencia sobre el cómo está haciendo las cosas.

Hoy día las empresas se encuentran con nuevos retos, con situaciones complejas que les obligan a reinventarse de alguna forma. Parece que los tiempos que corren traen algo más de dificultad y muchos profesionales, equipos y empresas se encuentran con problemas para gestionar esto. Pensando en tu profesión, ¿Cómo has hecho tú para gestionar la adversidad?

R.A.: Estamos en el año 2013. En el año 2012 hubo un cambio decisivo en nuestra forma de contratación. Nosotros trabajamos mucho para ayuntamientos, el 80% de nuestra facturación son trabajos para ayuntamientos que nos contratan. Y también estamos en temporadas determinadas en algunos teatros como éste (Teatro Cofidís Madrid), que ya es al margen de instituciones.

Cuando la situación de crisis fue calando, lo primero que dejó de funcionar fue el presupuesto para cultura. Ya hace tiempo que cada vez los ayuntamientos dedican menos presupuesto. En enero de 2012 nadie sabía lo que iba a pasar. Cuando empezamos ese año, no sabíamos que iba a pasar con nosotros. Yo tengo pocas personas trabajando conmigo, pero llevan entre 5 y 18 años conmigo.

Entonces yo hice una apuesta emocional fuerte. Recuerdo que yo venía de Altea (en Alicante), de trabajar a taquilla que no a caché (a caché el ayuntamiento te paga una cantidad fija, mientras que a taquilla cobras según las entradas que se vendan). En estos tiempos lo que ha cambiado es que no vamos a un caché fijo, sino que el ayuntamiento te cede el teatro por un canon y tú te ocupas de llenarlo lo máximo que puedas.

Recuerdo que yo venía de Altea y habíamos recaudado el 80% menos de los que dos años antes habríamos cobrado en esa misma localidad. Me acuerdo que venía dándole vueltas a la cabeza en el coche, esto que la cabeza se te pone que se te dispara, pero absurdamente, porque en ese momento tú no vas a encontrar ninguna solución. En ese momento la mejor solución es dormir y luego, al día siguiente ya veremos.

Y de repente yo me acuerdo que venía deprimido, y hice dos reflexiones. Uno, no puedo evitar sentir esta desazón, y que es normal que la sienta. Pero, esta desazón que yo siento y que es normal que la sienta, no va a impedir que yo tenga presente cuál es el Norte. El Norte es, a pesar de esta sensación, seguir avanzando con ánimo positivo. Porque lo importante de mi trabajo, que soy un artista, es el arte.

Y el arte no tiene un precio, el arte es una apuesta que como tal es idealista. Es cierto que necesito de ingresos para vivir, pero eso ya vendrá por añadidura, algo así como “estoy jodido porque no estamos funcionando como yo quisiera, estoy hasta deprimido. Pero me permito deprimirme porque es una reacción emocional normal, pero mi intelecto no olvida el Norte”.

La segunda reflexión que hice fue: Ante la crisis más creatividad. Más creatividad significa que yo el mismo espectáculo salgo a escena y lo hago de forma distinta, hablándole al público (porque estoy sólo e improviso) de cómo me siento por la crisis, de cómo se sienten ellos. Esto fue en Enero de 2012. Afortunadamente, nosotros en el nuevo contexto de contratación y en este nuevo panorama, nosotros hemos salido adelante.

C.P.: Parece que las dos reflexiones fueron muy fructíferas. Por un lado aceptar lo que está ocurriendo y por el otro apostar por la creatividad. Me gusta mucho la frase que has dicho “Porque lo importante de mi trabajo, que soy un artista, es el arte… y el arte no tiene precio”. Siento que en ocasiones las empresas necesitan ser también un poco más artistas, crear productos y servicios que verdaderamente cumplan esta función de inspirar e ilusionar.

Esa idea de no perder el Norte me parece muy poderosa para cualquier empresa o emprendedor que lo esté pasando mal. Recordarse a uno mismo que el Norte tiene que estar claro, y definido, y que debemos de creer en él.

Te he visto arriba del escenario muchas veces, y me quedo maravillado, sorprendido por ver tanta creatividad, y también improvisación en escena. Lo que haces es un acto puramente creativo, quizás una de las cosas que más necesitan nuestras empresas para reinventarse, para hacerlo bien en un nuevo contexto. Yo me pregunto ¿De dónde nace la creatividad?

R.A.: La creatividad es una expresión de una cosa que hay antes, que es ser fiel a uno mismo.

C.P.: De nuevo sale esta idea de no perder la esencia, de saber quién eres, lo que quieres y mantenerte fiel a eso.

R.A.: Este es un mundo dónde tenemos miedo a ser nosotros mismos, porque nos están constantemente machacando con iconos y con personalidades que vienen de fuera, que no eres tú. Los valores que ahora mismo el mercado, la publicidad y la sociedad impone es “tú eres una puñetera mierda y por eso me tienes que comprar mi producto, porque dejarás de ser una mierda con lo que yo te vendo”.

Entonces, la creatividad es saber que tú eres único, que tú no necesitas nada añadido para ser nada. Es evidente que necesitas un productos como por ejemplo un champú para lavarte el pelo, un coche para desplazarte o un coche bonito porque te gustan los coches caros. Pero no porque tú vayas a ser lo que ya eres. Tú ya lo eres aunque no te compres el coche. Es un matiz muy importante. Nos hacen creer que no somos válidos. Un complejo de inferioridad que nos hace sentirnos menos. Lo que es principalmente es una colonización cultural que viene mayoritariamente de los Estados Unidos con el cine y todo lo demás.

La creatividad es una respuesta a eso, que parte de un conocimiento de tu propia estima, de una convicción de tu propia valía. De hecho la palabra “Genio”, que siempre nos suena a Picasso, Mozart a Beethoven, es algo mucho más sencillo. Genio es todo el mundo que es nacido libre, porque viene de genius, toda persona que nace y es fiel a sí misma. La creatividad tiene por tanto mucho que ver con esa fidelidad a lo que tú realmente eres. Puede ser que haya un Don Nicanor tocando el tambor que es creativo, que en eso es único. Y mira ahí tienes a Alberto Chicote en el programa “Pesadilla en la Cocina”, es único también. Y lo que le dice y transmite a la gente es eso, un amor a su profesión y una convicción en lo que hace.

Ahora es todo imitativo, de modelos que vienen de fuera. Nos sentimos atraídos a aquello que viene de fuera, porque si lo hacemos nosotros y si nace aquí no nos interesa tanto. Esto es lo contrario de la creatividad.

C.P.: Vamos a ir finalizando la entrevista Rafael. Sé que hace poco has estrenado una obra llamada “Cómico” en la que dices que explicas el andamiaje con el que se hacen las obras.

R.A.: Sí, en “Cómico” estoy ahí de una manera directa, y me muestro al público de una manera más personal, sin hacer ningún papel, sin hacer ninguna obra, como los antiguos cómicos que cogían un micrófono y estaban una hora haciendo reír al público.

Pero para hacer eso he necesitado una vida entera. Para hacer eso que hago que no es nada, he necesitado una vida entera experimentando en el escenario.

Acabamos la entrevista y nos despedimos, esta vez no pude quedarme a verle actuar, pero ya tenía reservadas las entradas para su próxima actuación. Mi vuelta a casa estuvo llena de pensamientos, entre ellos esta última idea “Para hacer eso he necesitado una vida entera”. Reflexionaba sobre nuestro amor a lo que hacemos, nuestra dedicación y compromiso ¿realmente es suficiente para los resultados que deseamos obtener?

Lecciones que aprendí de Rafael Álvarez “El Brujo”

  • Un espectador (un cliente) es un tesoro inmenso, tiene un valor inaudito, porque es uno más que va a multiplicar tu mensaje. Cuida mucho a tus clientes, interactúa con ellos.
  • Ha habido una pérdida del valor genuino, de la intensidad primordial de la palabra.
  • Cambiar de perspectiva nos da amplitud de miras, es una forma de despejar y liberar tu mente.
  • La risa es muy importante porque por un instante libera al hombre de sí mismo, que es la mayor de las opresiones. Todos una presión que es la autocensura, la autoexigencia, los complejos de inferioridad, todo eso con la risa se disuelve.
  • La máxima meta del arte es elevar el espíritu hacia la divinidad.
  • Cualquier desánimo no debe impedirnos ver cuál es el Norte.
  • Una empresa está en un tejido que es una totalidad, y esa totalidad es realmente lo importante. El crecimiento de una empresa, los beneficios de una empresa, la competitividad, los valores típicos del mundo mercantil están en función de una sinfonía general que es el bien de la totalidad, y este es el nuevo paradigma, la nueva forma de enfocar la competitividad.
  • El mundo de la empresa necesita del criterio de la humanismo, de la belleza.
  • Debes saber que tú eres único, que tú no necesitas nada añadido. Nos hacen creer que no somos válidos. Un complejo de inferioridad que nos hace sentirnos menos.
  • La creatividad tiene mucho que ver con esa fidelidad a lo que tú realmente eres

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Que tengas un gran día.

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