Cuando las prisas son un analgésico para no sentir

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Aunque tener muchas tareas y responsabilidades nos puede hacer tener mucho éxito, también es cierto que se esconden algunos peligros. En ocasiones, toda nuestra multitarea esconde un problema mayor, utilizamos nuestra atareada vida como un analgésico para no sentir…

Cuando tenemos prisa no somos nuestro mejor yo, todo lo contrario, el estrés nos quita solidaridad, empatía y otras tantas cualidades que no deberían perderse bajo ningún concepto.

Hemos llegado tan lejos que incluso la solidaridad se ha conseguido hacer una commodity, ayer escuchaba que si pagas un billete de avión con Iberia (plataforma Amadeus) puedes donar entre 3 y 20€ para salvar vidas con Unicef. Me parece una idea muy buena, creo que hacen falta iniciativas de este tipo, sin duda harán un mundo mejor. Lo que me duele es que luego no seamos capaces de mirar a los ojos a la persona que pide en la calle, que busca comida en un contenedor de basura, o ser capaces de ayudar a quien lo necesita, en vivo y en directo.

La solidaridad se ha convertido en algo así como «Soy solidario, pero no me quiero manchar las manos… ni mucho menos el corazón. Es decir, no quiero sentir demasiado tu tristeza, tu carencia, tu pobreza, tu poca capacidad de tener un futuro digno…mejor que nos mantengamos a distancia. Te ayudo, pero no entres en mi casa. Así que, si me lo ponen fácil ,te hago un donativo al pagar un billete de avión con la Visa y asunto arreglado. Así podré decir que soy solidario«.

Antes se diría «reza tres Padres nuestros y cinco Aves Marías», ahora como nuestro Dios es el dinero, nos quitamos las culpas haciendo donativos. Que está muy bien, repito, pero no tenemos que quedarnos en eso ¿podríamos llevarlo un paso más allá? podríamos también sentir algo.

Hace más de 10 años que soy socio de PayaSOSpital y de Payasos Sin Fronteras, destino tan sólo 150€ cada año a estas dos asociaciones. ¿Me hace esto ser más solidario? No demasiado. Sería más útil si, además de esto, de vez en cuando me pasara por la planta de oncología pediátrica del Hospital la Fe, me contagiara de sus ganas de vivir, de su alegría, y también de su tristeza y desesperanza en algunos casos. Eso sí que me tocaría el corazón, para siempre.

dejar de ser solidarios

A veces no queremos sentir, y por eso decimos «no tengo tiempo», «hay temas mucho más importantes que hacer», entono el mea culpa. Entonces es cuando nos convertimos en robots, en meros gestores de sentimientos, pero no en los seres sintientes y solidarios que somos.

Las prisas son un analgésico para no sentir, lo he comprobado.

Se han hecho estudios muy concretos sobre esto. Se estudió como unos sacerdotes respondían a la solidaridad de un mendigo que pedía ayuda. Cuando estos tenían prisa porque llegarían tarde a una conferencia, su respuesta solidaria descenció dramáticamente. Si a un sacerdote, hipoteticamente más sensibilizado con la solidaridad que tú y que yo, le ocurre algo así por las prisas, ¿imaginas qué nos ocurrirá a nosotros?

Por eso, creo que en ocasiones erramos el rumbo, nos hemos complicado tanto la vida que no percibimos que a nuestro lado existe un ser humano sufriendo y que necesita ayuda, alguien que podría ser tu hermano, tu madre, tu hija, tu mejor amigo… pero no lo es. Es el mejor amigo de otro, la hija de otro, la madre de otro y el hermano de otro… Entonces ya no tenemos porqué sentirnos mal.

Creo que nos falta empaparnos, inundarnos, embriagarnos, de sensaciones del otro. Tenemos que pasar del capitalismo al humanismo.

analgesico para no sentir

Ayer tuve un día bastante completo. De 7:30 a 10:30 trabajando en distintos proyectos en nuestra oficina, de 10:30 a 13:30 realizando un coaching de equipos y de 14:30 a 21:30 non-stop manteniendo sesiones individuales con 8 personas de un equipo comercial. De esos días en los que tu energía baja cuando llegas a casa porque sientes que lo has dado todo en las últimas 14 horas de trabajo.

Durante el día, además, tuve dos conversaciones con personas a las que quiero. En ninguna de esas conversaciones, di el 100% de mi mismo. Hoy les he pedido perdón a ambas.

Una prueba más de que cuando te aceleras pierdes el corazón, lo dejas detrás de ti, tratando de alcanzarte, pero tú vas muy rápido, eres un cerebro con patas. Si tan sólo te detuvieras a dejar que tu corazón te alcance…

Las prisas no son buenas consejeras, ¡qué cierto!

Bueno, como me puse sentimental, te dejo con esta canción de Jesús Adrian Romero «Mi día», para desearte un feliz fin de semana! Ama, y ensancha el alma.

Que tengas un gran día.

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8 comentarios en “Cuando las prisas son un analgésico para no sentir”
  1. Cristina Fernández Navarro

    Gracias por dar lugar a que de vez en cuando reflexionemos y hagamos un alto en el camino para poder corregir. Como tú, pienso que nos encerramos en esas prisas, en el trabajo, en la hiperactividad y a veces justificamos con ello nuestra falta de empatía, de solidaridad.
    Otra vez gracias, César y que te vaya bien.

  2. Buenos dias Sr. Piqueras, ayer me paso algo muy parecido, ya que tambien yo siempre ando contra el tiempo, ser trabajadora y madre soltera es dificil, aqui en Mexico los viernes de cada mes no hay clases, desde hace semanas asisto a un grupo de meditacion los jueves alrededor de las 8 de la noche, no tengo coche asi que el transporte publico es mi aliado, le pedi a mi mama que me cuidara a mi hija y que se quedara con ella el dia de hoy, a mi reunion me acompaño una amiga y despues de esa reunion nos dimos la dicha de ir al cafe, mas como siempre ando a las prisas decidi tomarmelo con calma y disfrutrar mi cafe y la pequeña charla, le pedi a Dios que me acompañara a mi regreso a casa y todo salio muy bien. Que si soy sensible ayer no tanto, hoy tengo la obligacion de serlo….gracias por recordarme que hay gente a mi alrededor que sus problemas son mas grandes que los mios, un fuerte abrazo y feliz fin de semana

  3. César te sigo hace mucho tiempo pero nunca te había escrito por la famosa «Prisa» de la que tan sabiamente nos escribes y que he conocido a profundidad desafortunadamente.
    Tu escrito es un bello llamado a reconectarnos con nuestra preciosa tortuguita interior, a desacelerarnos y percibir nuestra capacidad de amar y sensibilizarnos todos los días con nuestro reflejo palpable…los demás seres humanos que tanta felicidad y plenitud nos pueden generar. Un abrazo de corazón a tí y a todos los que leen tu maravilloso blog!

  4. Muy acertada reflexión César!! Evidentemente «en todas partes cuecen habas» puesto que lo mismo percibo que nos sucede por esta parte del mundo. Incluso a mí.
    Que tengas un excelente fin de semana y fuerte abrazo desde Argentina!

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