Crecimiento personal

Cambiar las creencias limitantes y no morir en el intento

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En el largo camino hacia nuestros objetivos nos encontramos con muchas dificultades, tanto del entorno, como de nosotros mismos. Las más difíciles de vencer son aquellas que nos encontramos en nosotros mismos en forma, pensamientos y sentimientos que no nos ayudan en nuestro avance. Tenemos que aprender a superar las creencias limitantes sobre nosotros mismos si queremos ser capaces de conseguir nuestros sueños…

Cuando alguien se propone algo realmente, es bien seguro que va a tener muchas probabilidades de conseguirlo, ya lo dijo Henry Ford “Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón”. Las creencias sobre nosotros mismos y sobre lo que nos rodea, determinan nuestra satisfacción en el futuro, los objetivos que conseguiremos, el tipo de personas que nos acompañarán en ese camino y casi todo lo que engloba nuestra vida.

Las creencias de las que uno dispone, van influyendo en su toma de decisiones y por tanto avocándole a unos destinos predeterminados por ellas.

Pero ¿qué es una creencia?

Una creencia es un sentimiento de certeza sobre nosotros mismos. Es como estar seguro de algo, no es que “pensemos” o “creamos” que es así, lo “sabemos”, por eso son tan peligrosas. Es por esto que quien quiere demostrarse algo a sí mismo, encontrará evidencias cada día para darse la razón. Hay un sentimiento de certeza detrás de cada creencia y eso es lo que las hace tan poderosas.

La mayoría de nosotros no somos de la forma que somos porque el destino así lo ha querido, sino que somos como somos porque nosotros hemos decidido consciente o inconscientemente que fuera así. Cada uno tiene la libertad última de interpretar los hechos de la forma que mejor decida, y mediante esa interpretación que vamos haciendo de los hechos que ocurren a lo largo de nuestras vidas, vamos creando un concepto de nosotros mismos.

Es como si fuéramos coleccionando pequeñas evidencias de cómo somos. De alguna forma vamos por la vida observando nuestros comportamientos y tomando pruebas de lo que va ocurriendo. Sin embargo en un momento dado empezamos a tomar como válidas únicamente aquellas pruebas que coinciden con lo que nosotros creemos que somos.

Si creemos que somos muy tímidos, tomaremos como ciertas aquellas evidencias que demuestren nuestra timidez. Si creemos que nos somos capaces de perder peso, tomaremos como prueba la última vez que nos pusieron delante ese postre de profiteroles con chocolate y “no pudimos hacer nada” al respecto, el instinto era más fuerte que nosotros.

Creemos que no podemos cambiar las creencias limitantes y nos conformamos como «cómo creemos que somos» en lugar de «cómo podríamos ser»

La forma en la que se forma una creencia que nos impida conseguir nuestros objetivos es muy sencilla, todo empieza en un pensamiento de “certeza” sobre nosotros mismos. Por ejemplo “no soy bueno hablando en público”, un pensamiento que la próxima vez que hablemos en público nos ayudará a crear un sentimiento de sensación de nerviosismo y ansiedad, algo que notará la audiencia y de alguna forma nos lo hará saber, en falta de pérdida de atención, comentarios al final de la charla o cualquier otra forma de desaprobación. De esta forma uno confirma su pensamiento inicial y lo fortalece, acaba la charla y nos volvemos a decir a nosotros mismos “no soy bueno hablando en público”. Sólo que ahora nos lo decimos un poco más alto, estamos algo más seguros…

De esta forma creamos un autoconcepto un “yo soy así…”. Lo peligroso del autoconcepto es cuando nos limita, cuando no nos ayuda en el avance hacia nuestras metas. El autoconcepto es la imagen del yo-conocido que tiene cada persona. Es decir, la construcción mental de cómo se percibe a sí misma. De alguna forma nuestro autoconcepto incluye valoraciones y juicios de valor sobre nosotros mismos, nuestra capacidad, nuestra habilidad, nuestra forma de ser. Es un concepto que se va formando con la experiencia y la imagen que nos vamos poco a poco creando de nosotros mismos.

Podemos cambiar las creencias limitantes

Es sencillo entender que cualquier cambio que realicemos tendrá una respuesta en el entorno y, por lo tanto, mediante nuestras actitudes, comportamientos y acciones en el día a día, podemos cambiar nuestras creencias y mejorar nuestra posibilidad de conseguir objetivos.

Lo mejor, lo bueno del autoconcepto, es que es dinámico, es decir que podemos modificarlo, mejorarlo y construir uno mejor si nos lo proponemos. La clave aquí reside en detectar nuestras creencias limitantes  y ser capaces de empezar a crear unas nuevas, unas creencias que nos posibiliten, que nos ayuden a alcanzar lo que queremos.

Los pensamientos sobre nosotros mismos, sobre nuestra capacidad para conseguir algo son fundamentales. Por este motivo la persona que aspira a conseguir objetivos, tiene que ser un buen vigilante de sus propios pensamientos, sentimientos y percepciones. Tenemos que decidir cambiar las creencias limitantes por otras positivas y que nos ayuden. Si alguien piensa “nunca podré” nunca podrá, pero si piensa “si me lo propongo lo conseguiré” tarde o temprano lo hará.

Así que es hora de que vayas haciendo una lista de todas esas cosas que «te crees que eres» y que no te ayudan demasiado a construir el futuro que tú quieres. Y acto seguido hacer otra lista con una idea algo más positiva de ti mismo/a. Despues reflexiona, mira a ver lo que te puedes estar perdiendo por tener «instalado» ese software en tu disco duro… y cambia el programa.

Que tengas un gran día.

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